"Desfigurado". Una palabra que lo dice todo.

"Desfigurado". Una palabra que lo dice todo.

Esta mañana, Pete Hegseth, Secretario de Defensa de los Estados Unidos, describía al nuevo líder supremo de Irán como "herido y probablemente desfigurado" —no como argumento estratégico, sino como argumento "de deslegitimación".

La lógica implícita es inquietante: si estás físicamente dañado, no puedes liderar. Si tu cuerpo no es íntegro, tu autoridad tampoco lo es.

Detengámonos aquí.

Pablo Echenique —físico, doctor, europarlamentario, secretario de organización de Podemos— lleva toda su vida liderando desde una silla de ruedas. Con una inteligencia y una capacidad argumentativa que avergüenza a muchos que caminan perfectamente. Nadie en su sano juicio diría que su cuerpo define su legitimidad política.

No es necesario ser alto, rubio, de ojos azules y aspecto imponente para ejercer el poder con criterio, con valores y con visión.

El "capacitismo" —la discriminación basada en la apariencia o funcionalidad corporal— es uno de los sesgos más normalizados y menos cuestionados en el discurso público. Y cuando lo ejerce alguien con el poder de ordenar bombardeos, no es un desliz retórico: es un mapa cognitivo.

Este post no juzga la posición geopolítica de ninguno de los actores involucrados.

Juzga algo más profundo: que quienes toman decisiones con consecuencias devastadoras sobre millones de personas "sigan midiendo el liderazgo en metros y en cicatrices".

El cuerpo no manda. O no debería.

13 de marzo de 2026

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